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Vuelta al cole, es hora de reforzar sus defensas. Potenciar el sistema inmunológico de nuestros hijos la mejor opción.

La vuelta a las clases comenzará en los primeros días de septiembre. El curso escolar terminó sin que las aulas volvieran a abrirse a pesar de que, a medida que se iban superando las fases más estrictas del confinamiento, empresas, bares, terrazas y otros espacios públicos retomaban la actividad presencial tímidamente. Ahora parece que existe un amplio consenso entre los pedagogos en que las clases presenciales son necesarias, entre otras cosas porque  conlleva unos beneficios adicionales a la mera educación en sí, que son positivos para el desarrollo neurcognitivo del niño, el hecho de estar rodeado de otros niños, el de poder jugar o el de no estar aislado mientras se aprende son  factores que justifican que tanto educadores como pediatras estén empujando para que la educación sea presencial más que online.

Ante este escenario debemos fortalecer al máximo nuestras defensas naturales, nuestro sistema inmunológico para en la medida de lo posible disminuir los riesgos asociados para la salud.

El aporte de alimentos funcionales o con componentes funcionales, tanto naturales como procesados, en la edad pediátrica es una de las estrategias más prometedoras en el campo de la nutrición infantil. Existe evidencia cada vez más creciente de que estos alimentos tienen efectos beneficiosos en funciones específicas del organismo, que van más allá de los nutricionales habituales, en un sentido que es relevante para el estado de bienestar y salud o de reducción del riesgo de enfermedad.

Dentro de los alimentos funcionales han adquirido un papel relevante los probióticos, prebióticos y simbióticos, con importantes funciones en la prevención y tratamiento de las enfermedades, en la regulación del metabolismo y en la calidad de vida de los niños y adolescentes. Los probióticos son microorganismos vivos, no patógenos, agentes biológicos con un impacto significativo en la composición de la microflora intestinal, tanto cualitativa como cuantitativamente que, además, pueden inhibir el crecimiento de la flora patógena. Este hecho es muy importante desde el punto de vista fisiológico, ya que la microflora intestinal tiene a lo largo de todo el ciclo vital una gran influencia en el mantenimiento de la homeostasis, de la función intestinal, de la inmunomodulación, como barrera a la colonización por patógenos intestinales y diseminación bacteriana intestinal, en la alergia, en la absorción de la lactosa, en el metabolismo, en la producción de vitaminas y factores de crecimiento, en la síntesis de antimicrobianos y en la neutralización de toxinas, mutágenos y tumorígenos y como fuentes de energía.

Los prebióticos son ingredientes alimentarios no digeribles, fundamentalmente hidratos de carbono y en menor medida proteínas, cuya fermentación bacteriana en el colon favorece el crecimiento selectivo y la actividad de un número limitado de bacterias, principalmente bifidobacterias y lactobacilos, en detrimento del crecimiento de patógenos en la flora colónica. La mayoría de las bifidobacterias está adaptada a la utilización de prebióticos, pero otras especies de bacterias son capaces también de metabolizarlos. Los componentes alimentarios que parecen ejercer el mejor efecto prebiótico son los fructooligosacáridos (FOS), como la chicoria y la inulina, y también la lactulosa. El número de bifidobacterias fecales se encuentra incrementado por la ingesta de FOS de forma dependiente de la dosis, convirtiéndose, por tanto, en una alternativa potencial a la administración directa de probióticos. Los prebióticos se ingieren a través de alimentos naturales o incorporándolos a alimentos como productos lácteos, bebidas, pastelería, cereales, etc.

Otro uso posible de los prebióticos es en combinación con bacterias probióticas. Esta combinación es conocida como simbiótico y puede ofrecer ventajas al mejorar la supervivencia e implantación de los probióticos en el tracto intestinal, ya que su sustrato específico está disponible desde el momento de la ingestión. Algunos posibles simbióticos son la combinación de bifidobacterias con FOS y lactobacilos con lactitio

PROBIMEL  es un simbiótico que contiene 1.25.108 Lactobacillus acidophilus junto con una proporción de 0,05 g. de leche desnatada por cada 5 ml. En nuestro anterior blog describimos las increíbles cualidades de ésta superbacteria desarrollada por nuestros investigadores que es en la actualidad la única de resistir la acidez de nuestro estómago.

Las propiedades de los pre y probióticos se ponen de manifiesto desde los primeros meses de vida, ya que la composición de la microflora intestinal está muy influida por el tipo de alimentación. En el momento del nacimiento, el tracto gastrointestinal es estéril, pero a las pocas horas, las bacterias ingeridas durante el parto colonizan con rapidez el intestino neonatal y pronto alcanzarán un número que es 10 veces superior al de las células del organismo. Tras la colonización inicial, la flora intestinal se mantiene bastante constante durante la vida, siendo difícil cambiarla de forma permanente, pues el sistema inmunológico intestinal aprende a reconocer y tolerar las especies bacterianas presentes ya en las primeras etapas de la infancia.

En los alimentados con leche materna, dados los componentes específicos que ésta aporta (lactoferrina, lisozima, fibronectina, mucina, oligosacáridos, nucleótidos, N-acetilglucosamina, glucosa, galactosa, fructosa, lípidos, IgA secretora y otros factores bifidogénicos), junto a una menor cantidad de proteínas, se favorece el crecimiento selectivo de bifidobacterias y el ambiente intestinal tiene más capacidad inmunomoduladora y antimicrobiana que en los alimentados con leche de fórmula. Estas diferencias favorecen la no proliferación de patógenos y, por tanto, la menor incidencia de infecciones gastrointestinales, urinarias y respiratorias en los alimentados con leche materna. La ingestión de leche de fórmula adicionada de bifidobacterias produce, ya al mes de vida, una prevalencia de su colonización, casi similar a la de los alimentados con leche materna y significativamente mayor a la de los alimentados con fórmula sin microorganismos. Estas leches de fórmula adicionadas con probióticos (bifidobacteria latis, BL, S. thermophilus) consumidas de forma prolongada son bien toleradas, mantienen un crecimiento normal en niños de 1-3 años, recuperan el crecimiento de malnutridos, mejoran la motilidad intestinal y el ritmo y el tipo de heces y disminuyen el riesgo de infección y de eritema del pañal. El uso de leches de continuación, preparados lácteos de crecimiento y otros alimentos infantiles, como papillas, enriquecidos con probióticos y prebióticos promueve un incremento del número y la actividad de lacto y bifidobacterias, una mejor función intestinal y un crecimiento adecuado.

Existen claras evidencias de los efectos nutricionales, preventivos y terapéuticos de los probióticos (Lactobacillus casei rhamnosus LGG, L. casei, L. reuteri, L. plantarum, L. salivarius, L. johnsonii, B. bifidum, Streptococcus thermophilus y Saccharomices boulardii) sobre las enfermedades del tracto gastrointestinal, en la diarrea aguda viral o bacteriana, postantibióticos y quimioterápicos, del viajero, en la intolerancia a la lactosa,  en la colitis, en el síndrome del colon irritable, en la enfermedad inflamatoria intestinal, en la inhibición de la colonización gástrica y actividad del Helicobacter pylori, en el estreñimiento y en el cáncer.

Ahora que se acerca la vuelta al cole podemos preparar a nuestros hijos reforzando sus defensas con Probimel el único probiótico capaz de llegar intacto a nuestro intestino soportando la extrema acidez de nuestro sistema digestivo.

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